Publicado el

Viernes Santo 2026: Tres Necesidades que navegan por Sevilla

Viernes Santo tras La Carretería

Como si de un “déjà vu” se tratara, el 3 de abril de 2026, de nuevo nos encontrábamos en los callejones más próximos a la Real Maestranza de Caballería, buscando la sombra de un soleado Viernes Santo y esperando la cita que aquella jornada nos deparaba.

Los cuerpos ya van resintiendo la plena Semana Santa que llevamos hasta el momento, surgen algunas molestias musculares, y éstas son motivos de comentario entre los compañeros, que ya van apareciendo junto al coso.
Los músicos de la Banda Julián Cerdán, de Sanlúcar de Barrameda, que ya se encontraban por allí, compartían con algunos de nosotros las inquietudes y anécdotas que les habían sucedido durante la Semana.

Una mezcla de ilusión y ganas se respira en el ambiente. Siempre es especial el acompañamiento a la Hermandad de la Carretería, son muchos matices los que hacen de ella una corporación única, con la que muchos de nosotros hemos creado un enorme vínculo y, esperamos con ansia cada Viernes Santo a que se cumplan nuestros anhelos.

Desde el exterior y el desconocimiento, contemplas esos rasgos tan característicos que poco a poco te van sorprendiendo, entusiasmando y llegan a fascinarte hasta tal punto que quieres conocer más y más, y te adentras en lo más profundo de esta cofradía, con la que la Banda de Las Cigarreras lleva ya ligada 40 años.
Es una cantidad que se comenta con facilidad, pero son varias Hermandades de las que acompañamos en Semana Santa con las que ya se han superado las 40 primaveras.

Volviendo al hilo de nuestra crónica, la hora se iba acercando y fuimos tomando posiciones en la calle Real de la Carretería. Allí, nos damos cuenta de que cada año se anima más público a disfrutar de la salida, que aún estando agobiados por el calor debido a la hora e incidencia del sol, no deja de asombrar por la gran habilidad de los costaleros a pesar de la estrechez que existe.

Se abren las puertas de la Iglesia y aparece la cruz de guía seguida de las primeras parejas de nazarenos. Ahora sí, cuando el reloj marca las cinco de la tarde, una vez solventada con gran maestría la dificultosa maniobra, el imponente misterio de la Tres Necesidades está en la calle.

Suena la Marcha Real y tras ésta, Al pie de tu Santa Cruz, la marcha de Francis González Ríos, que en este 2026, cumple la friolera de 30 años en nuestro repertorio.

La calle Gamazo se presta como testigo del respetuoso y atento público del Viernes Santo sevillano donde, en esta ocasión, interpretamos Agnus Dei.

Los llamativos zancos de este paso ya van abriendo camino entre la multitud que se encuentra entre las calles del Arenal, cuando de pronto al finalizar la calle Barcelona se escucha el tambor destemplado de Crucifixus, la marcha que compusiera Cristóbal López Gándara para ilustrar esta escena bíblica.

Se va acabando la calle Tetuán, donde han sonado marchas como Nuestro Padre Jesús «El Cautivo» o Jesús ante Anás, y poco a poco, nos vamos acercando al inicio de la carrera oficial.

Presente y cortés, una silenciosa plaza de la Campana recibe al Santísimo Cristo de la Salud, que tras el saludo al palquillo prosigue su andar, mientras suenan de nuevo Al pie de tu Santa Cruz, Réquiem en memoria del añorado Antonio Bustos, y La Carretería, para entrar en la calle Sierpes.

Sevilla, desde los palcos de la plaza de San Francisco admira este sobrecogedor misterio que narra la muerte de Cristo, cuando se puede escuchar Cristo del Perdón o al acercarse a la Catedral resuena la partitura de Soledad de San Pablo, hasta que culmina entrando al templo magno sevillano.

Al salir de la Catedral, el escenario cambió completamente, como si de una nueva obra dramática se tratara. Esa estampa formada por las tres cruces y la muralla del Alcázar, volvió a producirse, cual pintura barroca sobre un lienzo del museo de Bellas Artes.

No tenemos más remedio que reconocerlo, y es que el atardecer de Sevilla, otorga un carácter especial al discurrir de esta Hermandad. Al avanzar por la calle Temprado, el cariz del cielo ya es distinto, deja de escucharse el canto de los pájaros, y unas sombras se proyectan en los muros de las Reales Atarazanas… Suena Anima Christi.

En ese momento, es cuando el público enmudece a sabiendas de que lo que allí va a ocurrir es un momento único de cada final de Viernes Santo. En las revirás de las calles Temprado, Dos de mayo y Rodo, con la ayuda de un timbal se enlazan las marchas Santae Crucis, Ave María y En mis recuerdos… a lo que los asistentes reaccionaron con un emotivo aplauso.

Casi perdura aún el tañido del timbal, cuando de nuevo se escucha el sonido desgarrador del martillo. Los costaleros se preparan y el estruendo que provoca el paso al caer de nuevo, conmueve los corazones de los que allí nos encontramos.

En esta ocasión, parece como si el peso del misterio de las Tres Necesidades lo sufrieramos entre todos, porque ya sentimos que es el último esfuerzo. Por ello, las últimas composiciones que sonaron fueron un deleite que compensaba completamente el cansancio que a esa hora nos anegaba.

Luz de Misericordia; Dios Padre, Dios del Amor, recientemente recuperada para el repertorio, y más adelante, Crucifixus y La Carretería, fueron las piezas que brotaron de nuestras almas hasta que el mismísimo Señor de la Salud llegó a la puerta de la Iglesia.

Por último, después de la compleja maniobra que los hermanos carreteros ejecutan con excelente precisión, entre la oscuridad, surgió la llamada de la Marcha Real, la cuál nos hizo soñar con volver a vivir la elegancia y romanticismo de un Viernes Santo en Sevilla, gracias a la Hermandad de La Carretería.

Información del autor
Imagen de Marco Antonio Sánchez García
Marco Antonio Sánchez García
Colaborador. Componente en la cuerda de trompetas.
Twitter
Facebook
WhatsApp
Telegram
LinkedIn