22 de enero de 2018

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Sevilla en los labios: El sueño de un niño

Sevilla en los labios: El sueño de un niño

Muy pocos de los que en el ensayo aquel día nos encontrábamos, podíamos esbozar una pequeña idea de lo que se estaba fraguando… “Sevilla en los labios”, se escuchaba… “un espectáculo de Tres Caídas y Las Cigarreras”… algunos nos mirábamos extrañados, incrédulos, y por qué no decirlo, entusiasmados al imaginar lo que podía acontecer. Y es que, todos, los que llevamos años en este mundo de la música cofrade, hemos fantaseado alguna vez, pensando en este momento. Todos, en alguna ocasión, tuvimos en nuestra mente, aunque fuese un solo instante, la idea de ver a estas grandes bandas, sobre un escenario, más allá de aquella marcha que hace 10 años ambas bandas tocaron en la Catedral en un concierto de la Banda Sinfónica Municipal de Sevilla.

De modo que, desde mediados de octubre, los ensayos de preparación del espectáculo se fueron sucediendo. Unas sevillanas del gran trovador sevillano “El Pali”, un popurrí de marchas cigarreras de los años 80… todo iba cogiendo forma. Además, a nuestro local, se iban acercando los artistas con los que tendríamos el placer de compartir escenario. Joana Jiménez, por ejemplo, a la cuál acompañamos en la canción “Sevilla”, del compositor Arturo Pareja-Obregón, nos deleitó con su carácter entrañable y su colosal voz.

Por otro lado, la bailaora Elisabeth Serrano, y los guitarristas Jairo Blanco y Fernando Larios, nos visitaron al local de ensayos para concretar algunos aspectos de las sevillanas, en las que ellos intervendrían, y que, tanto las Cigarreras como Tres Caídas interpretamos en el espectáculo. Sin duda, esta artista nos hizo disfrutar del arte que sus tacones desprendían. No podíamos olvidarnos del grupo de cámara de la Orquesta Sinfónica de Triana que, nos acompañó durante todo el espectáculo y, que desde el primer ensayo demostró su profesionalidad y el nivel que posee. De hecho, desde estas líneas queremos transmitir nuestro agradecimiento, a todas las personas que, de un modo u otro, han participado en este espectáculo, por su colaboración en todo momento y su trato cercano.

La cita se iba acercando y, después de nuestra participación en el Congreso nacional de bandas, tuvimos el primer ensayo general.  Las dos bandas, los guitarristas, los cantaores y la orquesta, Víctor García Rayo, que fue el encargado de presentar el espectáculo, la bailaora, el equipo de producción, técnicos de sonido… casi unas 400 personas, preparando lo que sería sin lugar a dudas un encuentro que marcará este estilo musical, durante las próximas décadas.

De este modo, el camino se fue marcando, y es que esta función, tiene un hilo conductor muy peculiar, ya que se narra el sueño y la visión de un niño. Un niño fascinado por el mundo cofrade, y como no, por el encanto que estas bandas ya conseguían transmitir allá por los años 80.

Al fin llegó, la esperada noche, y todo se iba preparando. Un fajín que no termina de quedar en su sitio, las marcas sobre el escenario para saber cual es la posición de cada músico, los micrófonos bien ajustados para que no se escape ni una nota de la orquesta, una gorra de plato y un galón que se habían quedado atrás… Pero ahora ¡sí! Los uniformes a punto, los metales relucían y aguardaban debidamente afinados. Entre bambalinas, los músicos impacientes, nerviosos, susurraban sobre los últimos retoques y entonces… El telón se abrió, para que afloraran las emociones, y tras una introducción en la que el grupo Suspiro Flamenco, deleitó al público con la adaptación de la marcha “Mi Amargura”, sonó el primer aplauso. Fue en ese preciso momento cuando los músicos, que aún esperábamos tras las bambalinas, debido a la magnitud de ese aplauso, nos dimos cuenta del estado en el que se encontraba el auditorio.

El presentador, dio comienzo “al sueño”. Por ello, caminaba sobre el escenario acompañado por el niño, el protagonista de esta quimera que hoy se convertía en realidad. Y caminando, llegaron al “ensayo” de la Banda de las Tres Caídas, es decir, un grupo de músicos simulaba aquellos ensayos de principios de los años 80, en el que esta Banda interpretaba la marcha “Silencio Blanco”, del mismo modo, se acercaron a aquel ficticio ensayo de la Banda de Las Cigarreras, en el que un pequeño grupo de jóvenes, interpretaba la marcha “Réquiem”. Pero los ensayos acabaron y este niño regresó a casa, para seguir soñando con que algún día, estas grandes bandas tocaran juntas sobre las tablas del mismo escenario.

Los siguientes números del espectáculo, fueron mostrando un paseo por las marchas de estas dos formaciones desde sus inicios y otras músicas, con las que fueron capaces de transportar al público a rincones lejos de la música cofrade, por ello, se pudieron escuchar temas dedicados a la ciudad de Sevilla, creando dúos envidiables, por un lado, Manuel Cuevas y la Banda de las Tres Caídas, y en la otra orilla, Joana Jiménez y la Banda de Las Cigarreras. Asimismo, se pudieron escuchar temas de otros estilos musicales, como el flamenco y la música clásica, ya que La Banda de las Tres Caídas interpretó junto a la orquesta “Entre dos aguas”, de Paco de Lucía, y, por otro lado, La Banda de Las Cigarreras interpretó “La Romanza para guitarra y orquesta” de Salvador Bacarisse.

De esta forma, tema tras tema, llegaría el momento más ansiado por todos, el momento en que ese sueño se culminaría, y se haría realidad. Como anticipo, cada Banda, interpretó, dentro de su idiosincracia, una marcha de la otra, por lo que Las Tres Caídas interpretó “Amor de madre”, y Las Cigarreras hizo lo propio interpretando “Al cielo el rey de Triana”.

Entonces, llegó el momento, llegó “Sevilla en los labios”. El sueño en el que las dos bandas se entremezclarían, las dos bandas sobre el mismo escenario tocando marchas de la otra, pero esta vez, interponiendo sus instrumentos, sonaban las cornetas de Triana junto a la armonía de Cigarreras y viceversa. La orquesta no se quería perder la ocasión, por eso también intervenía, sonaban marchas como Costalero del Soberano, Mi Madrugá, Y fue azotado… La Pasión, Lux Aeterna, los cambios tonales se sucedían, aparecían nuevas modulaciones, todo un espectáculo. En el último fragmento de la obra, ocurrió lo inesperado, en un alarde de virtuosismo, las dos bandas, unidas por una noche, acabaron interpretando la marcha Caridad.

El público en pie, con un ensordecedor aplauso, valoraba su asombro tras el gran final del espectáculo, e incluso Manuel Cuevas se quiso unir a este emotivo desenlace y con una desgarradora saeta, que se pudo escuchar hasta en la última butaca del auditorio, sentenció lo que Sevilla pudo, por fin, vivir aquella noche.

Y así, se hizo posible este sueño, por lo que, llega ahora el momento de seguir soñando hasta el próximo día en que, Sevilla, suene en nuestros labios.

Sobre el autor

Redactor. Componente en la cuerda de trompetas.

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