18 de julio de 2018

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Soberana Coronación

Soberana Coronación

Una luz distinta inundaba nuestra ciudad, y es que, minutos antes de las doce del mediodía, el Arzobispo de Sevilla, coronaba canónicamente a Nuestra Señora de la Salud. Un sueño cumplido, para todos los hermanos de la Parroquia de San Gonzalo, que veían culminada, una espléndida semana, en la que habían acompañado a su Sagrada Titular, para ser reconocida en la Santa Iglesia Catedral. Por esa razón, la Banda de las Cigarreras tenía que estar allí, porque somos parte de esta Hermandad, y sentimos nuestra, a la Virgen de la Salud.

Se notaba que era un día especial. Caminando por el barrio de Triana, se respiraba aire festivo: Banderolas y guirnaldas adornaban calles y balcones, porque todo debía estar preparado para recibir como merecía, a Nuestra Señora de la Salud Coronada. Tras cruzar el puente, el gentío se movía claramente en dirección a la Catedral. La Plaza de la Virgen de los Reyes, estaba repleta. La gente que se había acercado hasta este punto, ansiaba ver a la Virgen, derramando salud entre los feligreses.

Cuando las puertas de la Catedral se abrieron, y la Cruz de Guía nos mostró el camino a Triana, nuestros tambores comenzaron a sonar para acompañar el cortejo y rezar a la Virgen, como sabemos hacerlo. Por ello, las primeras marchas que sonaron fueron Virgen de la Salud y Un cielo para mi Virgen, para, más adelante, interpretar por fin, en la calle, la última marcha que hemos dedicado a Ella, y especialmente al acto de coronación, la marcha titulada, Soberana. En esos primeros metros, sentimos el apoyo y el cariño que nos hacían llegar las personas que esperaban el discurrir del cortejo. Se agolpaban a ambos lados de la avenida de la Constitución, para simbolizar lo más parecido a la Carrera Oficial, que podemos disfrutar cada Semana Santa.  

Antes de continuar el camino hacia Triana, hacia el barrio León; la primera parada era el Excelentísimo Ayuntamiento. En la fachada principal del edificio, sobre el suelo mirando hacia la Plaza Nueva, se disponía un mosaico, que mostraba el logotipo creado por la Hermandad para este evento tan importante, y que lucía imponente ante la mirada de todo el que por allí pasaba. En ese punto, volvió a escucharse Soberana, ya que queríamos demostrar al público, la grandiosidad y lo transcendental de este día. Tras varias marchas, como por ejemplo, Lux Aeterna, dimos por concluida la primera parte de nuestra intervención, abandonando el cortejo en la calle Albareda.

Tras un pequeño descanso, volvimos a incorporarnos al cortejo, en la Plaza de la Magdalena. A esa hora de la tarde, resultaba tarea laboriosa encontrar un hueco libre en el que acomodarse para ver la comitiva, de hecho, la calle San Pablo, a la altura de la Parroquia de La Magdalena, nos recordó por momentos, a la tarde del Lunes Santo, cuando la Hermandad de San Gonzalo, hace su estación de penitencia hacia la Catedral. Por ello, las marchas que interpretamos fueron recibidas por el público, con un cálido y ensordecedor aplauso, que llegaba desde todos los puntos de la plaza. De este modo, fueron sucediendo los momentos, hasta que a penas sin darnos cuenta nos encontramos con uno de las situaciones más especiales; la entrada en Triana. En el puente, la música se unía a lo místico, y el corazón se alteraba en cada latido, porque preveía lo que, en pocos metros, iba a suceder.

Dejando atrás el puente, el engalanado Altozano nos acogía entre aplausos, tras interpretar marchas dedicadas a la Hermandad de La Estrella, como por ejemplo, Triana llora tus penas. Y entonces, llegó el momento. Momento en el que pondríamos el broche final a esta cita inolvidable, momento en el que culminaríamos este honorífico paseo, acompañando a Nuestra Señora de la Salud Coronada. Desde que entramos en la calle Pureza, se palpaba en el ambiente, las ganas de contemplar aquella estampa en la que la Esperanza de Triana y la Virgen de la Salud, estarían frente a frente. Los curiosos nos rodeaban, buscando ese vídeo o esa imagen con la que grabar este día para la posteridad.

Sonaban marchas sin cesar; Ante Anás, el hijo de Dios, Prendido, Ante Caifás, el hijo de Dios, Lux Aeterna…hasta que llegamos ante la puerta de la Capilla de los marineros, donde volvió a sonar Soberana. El público entregado tampoco cesaba en sus ovaciones y aplausos, se escuchaban “óles” a nuestro paso y en esa nube de euforia llegamos a la Parroquia de Santa Ana, donde con la marcha “Costalero del Soberano”, cerramos nuestro humilde acompañamiento.

En definitiva un día grandioso que recordaremos siempre, por haber tenido el enorme privilegio de acompañar, aún desde la Cruz de Guía, a Nuestra Señora de la Salud Coronada.

Sobre el autor

Redactor. Componente en la cuerda de trompetas.

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