Jerez se rinde al magisterio cigarrero ocho años después
Ocho años ha tenido que esperar Jerez de la Frontera para volver a sentir el inconfundible compás de la Banda de cornetas y tambores de Nuestra Señora de la Victoria, Las Cigarreras. Desde aquella memorable salida extraordinaria de la Oración en el Huerto en 2018, la formación sevillana no desfilaba por las calles jerezanas, un reencuentro que por fin se hizo realidad el sábado 21 de febrero de 2026 bajo el marco del evento «Spe Lucis».
Puntuales a la cita, a las 19 horas, los primeros acordes rompieron el expectante murmullo del público congregado con una verdadera declaración de intenciones. Los sones de El Santísimo Cristo del Amor, Sobre los pies te lleva Sevilla y Reinas del Baratillo sirvieron como preludio perfecto, demostrando desde el primer minuto que la maquinaria cigarrera llegaba a Jerez en un estado de forma excepcional, afinada y pletórica.
Si el inicio fue rotundo, el itinerario deparaba paradas donde la música iba a trascender para convertirse en pura oración. Uno de los grandes momentos de la jornada se vivió a las puertas de la Iglesia de la Victoria, hogar de la Hermandad de la Soledad y el imponente misterio del Descendimiento tallado por Luis Ortega Bru. Allí, en un ambiente de recogimiento palpable, la banda interpretó Réquiem, logrando que el sobrecogedor silencio del público ante la solemnidad de las cornetas fuera el mejor tributo a la devoción local.
La formación siguió su camino en búsqueda de otros hitos de la ciudad, y al llegar al Monumento del Cofrade, la formación regaló a los presentes Y fue Azotado, arrancando los aplausos de los asistentes y confirmando la comunión absoluta entre los músicos y la ciudad de Jerez.
Ya con el reloj avanzando hacia el ecuador de la cita, la formación se adentró en el corazón del centro, escenario del momento más humano y conmovedor de la noche. Antes de que sonaran los acordes de Ante Pilatos, El Hijo de Dios, la formación tuvo un detalle lleno de cariño: dedicar la marcha al periodista Paco García, la inconfundible voz del programa Cruz de Guía de la Cadena SER, y a la memoria de su madre, fallecida la pasada semana. Fue un instante de esos que encogen el alma, donde la música sirvió de abrazo fraternal ante la pérdida.
En ese mismo tramo céntrico, el repertorio siguió brillando con la interpretación del reciente estreno La otra mejilla y las notas clásicas de Divina Pastora de Cantillana. Rozando ya las 21 horas, el pasacalles encaraba su final, pero Las Cigarreras se despidió a lo grande con una tríada perfecta: ¡Victoria!, sonando a himno propio; Amor de Madre, derrochando clasicismo y nostalgia; y Costalero del Soberano, que puso el broche de oro definitivo. Ocho años de ausencia quedaron así borrados de un plumazo en dos horas de maestría musical, dejando en el aire el deseo de no tener que esperar casi una década para volver a escucharlos bajo el cielo jerezano.