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Martes Santo 2026: Un suspiro a la otra mejilla

Martes Santo 2026 tras La Bofetá

Un nuevo Martes Santo amaneció, el 31 de marzo de 2026, con un deslumbrante sol y un precioso cielo azul que a todos nos llenó de alegría, a diferencia del año pasado. Por ello, las calles del centro se inundaron, en este caso, de cofrades y fieles que ansiaban vivir una jornada tan bonita como es la de este día de la nómina de hermandades.

La Semana Santa discurría con normalidad y se palpaba en el ambiente que había ganas de vivir un Martes Santo, acompañando a la totalidad de las cofradías.

El barrio de San Lorenzo se llenaba de viandantes, y en el entorno de la calle Eslava y los naranjos de Hernán Cortés, ya se reunían costaleros, así como los músicos de nuestra banda y los compañeros de la La Oliva de Salteras, que iban afinando sus instrumentos.

De repente, se oye la voz de un compañero que indica que se acerca el momento de formar junto a la puerta de la parroquia, y es entonces cuando los nervios aparecen.

La hilera de músicos se ordena tras el banderín, en los minutos previos a que las puertas se abran. Surgen conversaciones sobre este día, cómo irá el Señor, las flores de la Virgen, o cuál será el repertorio que se elegirá para los puntos clave de la estación de penitencia.

Sea cual fuere, finalmente las puertas del templo se abren y tras la Cruz de Guía comienzan a desfilar nazarenos de túnica blanca y cruz trinitaria, que ya encaminan su procesión hacia la Santa Iglesia Catedral.

Ahora sí, cuando se divisan los ciriales y el frontal del reluciente paso de misterio atraviesa el dintel, la llamada de corneta para la Marcha Real, atraviesa la nube de incienso y da comienzo nuestro Martes Santo.

Dulce Nombre de María, fue la primera marcha que interpretamos, seguida de Señor de Sevilla, para el tradicional saludo a Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, el cuál se intuye tras las puertas abiertas de su Basílica.

Una vez el paso restituyó su posición sonó Un cielo para mi Vírgen, y finalmente para partir de la Plaza, Ante Anás… El Hijo de Dios.

El ser una localización tan céntrica en la ciudad, otorga a este recorrido una alta intensidad. A pesar de dejar atrás la plaza, la cantidad de público es sorprendente ahora en el calle Cardenal Espínola, donde se viven momentos de tensión debido a la dificultosa maniobra que deben realizar los costaleros para sortear la estrechez existente.

De nuevo nos encontramos con una multitud que abarrota la plaza de la Gavidia, donde sonaron las composiciones Y dijo Anás… Al Señor de la Sagrada Cena y, saliendo a la Plaza de la Concordia, también se pudo escuchar Tus Lágrimas.

El siguiente momento de emoción que pudimos vivir fue cuando llegó la revirá de Las Cortes, donde interpretamos Gath Shemânîn, y el público asistente agradeció la excelente habilidad de los costaleros con un generoso aplauso.

Con el discurrir de la cofradía, la tarde fue cayendo y ya bajo la oscuridad de la noche, nos acercamos hasta la plaza de la Campana, donde después de que Jesus ante Anás, llegara al palquillo del Consejo, acompañamos el andar del Señor con las marchas Dulce Nombre de María y La otra mejilla, esta última, compuesta por Francis González Ríos, siendo uno de los estrenos de esta temporada, con dedicatoria a la Hermandad.

El portentoso misterio transcurrió por la calle Sierpes y la Plaza de San Francisco con un acompañamiento más clásico, y una vez salió de la Catedral, la Cuesta del Bacalao nos esperaba ansiosa por admirar el caminar del Señor. Fue entonces cuando interpretamos Macarena, Ante Pilatos… El Hijo de Dios, y para finalizar la calle Argote de Molina entrando en la calle Francos, sonó Silencio, ante Herodes… El Hijo de Dios.

Sevilla no hacía más que premiar el andar de Jesús ante Anás con sentidas ovaciones, y esto pudimos volver a sentirlo, cuando nos adentramos en la Plaza del Salvador. El enclave cofrade por antonomasia, vibró cuando en los muros del templo resonaron las notas de ¡Victoria! En mis recuerdos… y Yo soy la luz del mundo, marcha de reciente estreno y compuesta por Manuel Alejandro González Cruz.

Sin solución de continuidad, aquellos que acompañaban en la delantera o trasera del paso de la Bofetá, debían contener sus emociones, ya que el majestuoso marchar del misterio, no cesaba en avanzar por las calles de la ciudad.

De este modo, sin apenas darnos cuenta nos encontramos de nuevo en las calles del barrio de San Lorenzo, frente al cálido recibimiento del público que allí se encontraba, cuando en la revirá de la calle Conde de Barajas, tuvimos a bien deslizar desde nuestros instrumentos las composiciones Cordis Mariae y Hasta siempre, Soberano.

Persistía el último suspiro de la noche del Martes Santo, cuando esa Plaza en completa oscuridad, perseveraba y aguardaba en silencio a que la canastilla que sostiene al misterio de Jesús ante Anás, pusiera sus pies en ella.

Fue entonces cuando volvió a sonar el tambor destemplado, y como de un rayo de luz se tratara el Señor atravesó la plazuela al son de Y fue azotado, Agnus Dei y Costalero del Soberano, rematando con la Marcha Real, una vez que el paso se introdujo en el interior de la Parroquia.

Minutos de deleite, que pusieron el broche final a un inmejorable Martes Santo, en el cuál pudimos volver a tener el privilegio de acompañar a Jesús en el juicio de Anás, Tribunal de San Lorenzo, que una vez más, nos enseñó a poner la otra mejilla.

Foto: Salva López

Información del autor
Imagen de Marco Antonio Sánchez García
Marco Antonio Sánchez García
Colaborador. Componente en la cuerda de trompetas.
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