Hasta ese día, la Semana Santa 2018 había transcurrido con total normalidad, sin embargo, para otorgar el misterio característico al que nos tiene acostumbrados el Viernes Santo sevillano, unas renegridas nubes acompañadas por un fastidioso aire, se fueron adueñando del cielo de nuestra ciudad, hasta el punto en que, cerca de la hora prevista en la que la Hermandad de La Carretería debía poner su Cruz de Guía en las calles adoquinadas del barrio del Arenal, estas nubes comenzaron a descargar un severo chaparrón, que entre los asistentes tornó hacia una pesadumbre que ayudaba a pensar en la pérdida de esa tarde cofrade.

De hecho, la junta de gobierno de la Hermandad, necesitó retrasar la hora de salida, para poder consultar la evolución climatológica que depararía la jornada. Los comentarios del público, se producían desde ambos extremos… Todos tenían su propia opinión sobre aquello que la Hermandad debería hacer, incluso se aventuraban a adoptar la posición de hermano mayor de la cofradía, para solucionar el dilema.


Pero, las desapacibles nubes fueron marchándose y ya con la banda formada junto a la puerta, el imponente misterio de las Tres Necesidades comenzó a moverse dentro del templo. Al finalizar la difícil maniobra de salida, sonó la Marcha Real, seguida de las marchas El Santísimo Cristo del Amor” y La Carretería, para acompañar el misterio hasta que finalizó la calle que lleva el mismo nombre que la hermandad.

Ya en la intersección de la calle Adriano con Arfe, gracias a la anchura que proporcionan estas calzadas, se notaba la aglomeración de público. Ese público, ansioso por vivir este clásico y emotivo Viernes Santo, formado por imágenes tan elocuentes como la que tenemos el placer de acompañar.

De ahí a Campana, sonaron marchas del selecto repertorio que la Banda de Las Cigarreras posee pensando en esta Hermandad, por ello, por las calles Castelar, Barcelona o Tetuán, el público se deleitó con marchas como Cordis Mariae, Madre Cigarrera o Y dijo Anás…. Y cuando el Misterio de las Tres Necesidades llegaba a los últimos metros de la calle Tetuán, allí nos esperaba la plaza de la Campana, en la que los ecos de marchas clásicas como Réquiem, Virgen de la Salud y Al pie de tu Santa Cruz, retumbaron para un año más, dar constancia de la elegancia carretera.

El discurrir por el resto de la carrera oficial fue también clásico, aunque interpretamos alguna marcha de las más actuales de nuestro repertorio como Luz de Misericordia, que sonó a lo largo de la Plaza de San Francisco. De esta manera la entrada en la Santa Iglesia Catedral se produjo para culminar el objetivo de esta solemne estación de penitencia. La Banda, como es costumbre, da la vuelta para aguardar junto a la Puerta de palos la salida del paso. Cuando llegó el momento en el que el misterio cruzó la reja, se escuchó la Marcha Real para continuar con la marcha Cristo del Perdón, que sería la primera con la iniciaríamos “la recogía”.

A partir de ahí, comienza el romanticismo que envuelve el Viernes Santo carretero. Todo se torna mágico, y al llegar el atardecer es cuando los sentidos, viven desde una perspectiva distinta, el misticismo que encierra esta Hermandad. El paseo junto a la muralla del Real Alcázar, nos lleva a imaginar una representación viviente de la Pasión, esas piedras perfectamente encajadas, nos transportan al Calvario, y a sentir el dolor de Jesucristo.

La cofradía continúa su penitencia y enfilando la calle Santander, al cruzar la Avenida, el gentío, de nuevo, se agolpa para poder disfrutar del paso de esta inmensa imagen. Es por allí donde el viento se hace notar con fuerte presencia, él también quiere ser testigo de esta misteriosa tarde de Viernes Santo. Las marchas ya no cesan, suenan Refúgiame y Stella Maris, marchas que otorgan mucho sentimiento a la escena, como somos capaces de apreciar en las caras del público.

Ahora, en la calle Temprado, cuando los últimos rayos de luz alcanzan las cruces del misterio, es cuando más valor cobra el drama. Es entonces cuando la caoba de la canastilla avanza de manera tenebrosa, y el crujir de la hojarasca de hojas de cardo que la cubre, describe ese “barroco inquietante”, tal y como calificaron el estilo de este paso a principios de siglo.

Una palabra tuya suena en esta ocasión, con una gran capacidad expresiva, y más tarde Lux Aeterna, con la que podemos contemplar la sombra de la maravillosa escena, sobre el muro de las Reales Atarazanas… Es así como todo se va preparando para la entrada. Son estas dos revirás, la de la calle Dos de mayo y la calle Rodo, de algún modo, una especie de despedida entre el misterio y el público, ya que los últimos momentos de la Hermandad se reservan a la intimidad que otorga la estrechez de las calles colindantes a la Capilla. Pero antes de adentrarnos en la estrechez, ese fiel público que espera sin desesperar, pudo disfrutar de los sones de Y fue azotado y Ave María” que provocan en sus caras, una visible emoción.

Una vez adentrados en las últimas calles, donde a penas unas hileras de pacientes cofrades son testigos del discurrir de la cofradía, suenan En mis recuerdos, En tu Buena Muerte y, como colofón a esta estación de penitencia Al pie de tu Santa Cruz. De este modo el misterio de las Tres Necesidades; sepulcro, sábana y escalera, ya se encontraba frente a la puerta de la Capilla. Tras un rotundo golpe de martillo, el capataz mandó la que sería la última levantá de este Viernes Santo. Un suntuoso silencio presenciaba la difícil maniobra de entrada que dio paso a la Marcha Real, con la cual, rezamos para volver a poder disfrutar de la magia que nos hace vivir nuestra querida Hermandad de La Carretería.

Fotografías: Fran Santiago